miércoles, 21 de mayo de 2008

Un país de innovación

El informe Gobierno británico titulado Innovation Nation, del Department for Innovation, Universities and Skills, en el que se definen acciones muy concretas que deben llevar al país (Reino Unido) a la excelencia económica, a través de la orquestación de lo público y lo privado, con foco en la eficiencia y en la innovación, tiene como tema principal: el desarrollar la potencia acumulada en el talento de la gente (del ciudadano), para convertir a toda la nación en un país de innovación.

Innovación para ser líderes en negocios (manufactura, comercio, industrias creativas, etc.), y en servicios públicos (educación, sanidad, justicia, transporte)

Estiman que la clave es tratar de movilizar la riqueza que el país haya podido acumular hasta ahora, gracias a modelos económicos que seguramente no se van a repetir, para inventar la economía del futuro. Es decir, se busca apalancar hoy la riqueza generada ayer para asegurar el mañana.

Aunque hacerlo no es tan fácil, tampoco lo es decidir en qué apostar por el futuro, en qué invertir la riqueza acumulada, pues es algo bastante subjetivo, esta propuesta britanica, comentada en muchos paises, marca un rumbo definido cuyos principios deben ser tomados en cuenta y que principalmente toca un valores central: La participación conjunta del sector privado y gubernamental para el desarrollo sostenido y real.

Es por ello que resulta interesante empezar por sencillo: Es la utilización de la innovación en las administraciones públicas dado deben asegurar que los servicios que prestan sean lo más eficaces posible, buscando evitar que se conviertan en un problema económico y de calidad que se vea reflejado de manera directa en las condiciones de vida y desarrollo.

Como grandes generadores de demanda que son, las administraciones pueden estimular la innovación de las empresas a través de la compra de servicios permanentes. Es obvio, que muchos países Latinoamericanos la educación, la justicia, el transporte y los servicios públicos en general, no funcionan correctamente, invitar al sector privado a proponer soluciones que los hagan más eficientes podría convertirse en un enorme motor de riqueza, generando empleo y, mejor, innovaciones susceptibles de ser convertidas en nuevos y beneficiosos productos en el mercado.

Aparte de este motor de lo público como oferta y demanda innovadora, la riqueza acumulada por una sociedad debería aplicarse a crear las condiciones para que la innovación fuera la norma. Inversión en ciencia básica, explotación del conocimiento generado en las universidades (mejor conexión entre universidades y empresas), mejora de las habilidades de los ciudadanos, definición de programas para la aplicación tecnológica, establecimiento de acuerdos para el desarrollo de áreas especificas entre el sector privado y los gobiernos regionales municipales y centrales, en fin un sinnúmero de encuentros a todo nivel que permita un esfuerzo común de desarrollo permitiendo la generación de cifras reales de crecimiento.

Una parte sustancial de estas acciones deberían tener un foco local o regional, es decir, estar centradas en el desarrollo económico de territorios concretos, aprovechando las capacidades de sus habitantes, poniendo en sintonía todos los actores de la zona. Porque, a pesar de que las tecnologías actuales permiten pensar en la desaparición de la distancia, y en que los equipos de trabajo en cualquier proyecto pueden estar distribuidos por cualquier lugar del mundo, la realidad también impone que no todo el conocimiento puede ser codificado (además del conocimiento explícito, hay mucho conocimiento tácito, indocumentable), y, por ello, tiene sentido la localización (la concentración local) de actividades de innovación en lugares densos en conocimiento.

La innovación no es sólo una cuestión de personas con una energía especial, ideas ocurrentes, adopción de nuevas tecnologías o de diseño de programas. Debe ser también un objetivo serio para la construcción de una nación prospera y de todos. Porque sólo a través de la combinación de la energía y conocimiento de los individuos (su talento y su capacidad de riesgo) con la palanca económica de todos y en favor de todos (siempre que esté bien administrada por lo público), podremos garantizar el mejoramiento del estándar de vida en un país donde todos debemos y necesitamos andar juntos.

Quien no comprenda esta realidad, estará negando algo tan obvio como que el resultado de un país depende en gran medida de la asociación entre las acciones y la realidad cotidiana de quienes se ven afectados por ellas, todos los ciudadanos. Cualquier cosa distinta a esto es solo una fantasía que trae consecuencias de magnitudes incalculables a todos.

Mientras tanto siguen sumando y pasando los años. Hemos visto y veremos los indicadores en todos los ámbitos (nada alentadores por cierto) ellos son la verdad, sin interpretaciones subjetivas, nadie los puede negar, independientemente de las palabras que empiezan a perder valor ante los hechos. Despues, no importan los responsables, sino donde estaremos.
Estrategia UNO - Venezuela

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